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Concepto de trauma bajo el paradigma de EMDR

Con la Psicoterapia EMDR es fundamental poder identificar los posibles recuerdos traumáticos pero para ello en primer lugar hay que explicar el concepto teórico de trauma. En EMDR “no se entiende por trauma sólo esas grandes catástrofes” (Hensley, 2010), existen más traumas con los que se trabajan en este modelo. La infancia  es una época de vulnerabilidad del individuo en la que cualquier mal trato, abuso, negligencia, o acoso escolar, por pequeño que sea  puede suponer un trauma. La adolescencia es también un momento de vulnerabilidad del individuo, se producen en ella cambios físicos hormonales y madurativos, a causa de estos cambios cualquier circunstancia que el sujeto pueda vivir de manera más dolorosa, por ejemplo una burla, puede suponer un trauma que condicionará su comportamiento futuro, por ejemplo sus relaciones personales. En la edad adulta existen también momentos de vulnerabilidad, ante una separación, un duelo, un embarazo, en los que el individuo es susceptible al trauma. Finalmente otro tipo de trauma que se puede trabajar con EMDR, es el trauma por “goteo”, hechos que no son traumáticos se convierten en traumas por su repetición y persistencia. 

 

 Shapiro (2014) expone dos tipos de traumas, los traumas con “T” y los traumas con “t”.  Los primeros son aquellos en los que corre peligro nuestra vida o la de una persona cercana a nosotros, éstos son más fáciles de tratar con ésta psicoterapia. Sin embargo, los traumas “t” denominados también “traumas invisibles” (Seijo, 2012) son aquellos que ocurren a lo largo de la vida del o de la paciente con la vivencia de diferentes experiencias dolorosas no integradas. El tratamiento de estas últimas requiere más tiempo de psicoterapia EMDR.

 

Cuando mencionamos el término trauma es imprescindible explicar otro concepto muy ligado a él, “el apego temprano” (Bowlby, 1993), su exploración durante la evaluación psicológica es fundamental ya que el vínculo establecido con la principal figura de apego en la infancia, la madre normalmente, ha de ser seguro como ya nos explicaba Bowlby (1993) en su “teoría del apego” (Bowlby, 1993), este vínculo sienta la base en la infancia de las relaciones que estableceremos en un futuro. La repercusión de esta deficiencia en la infancia da lugar a otro tipo de trauma, denominado en EMDR como “trauma por omisión”  o “por falta de cuidados”.

 

Cuando estudiamos el trauma complejo con la lectura de las sabias palabras de González (2010), basadas en su experiencia clínica, descubrimos casos clínicos en los que el tratamiento puede ser muy largo. Plantea González (2010) que las diferencias en cuanto a la “resolución del trauma” (González, 2010) coinciden con el apego establecido en la infancia, “los que resuelven mejor el trauma” (González, 2010) han establecido en la infancia, con su principal figura de apego, un “apego seguro” (González, 2010), a pesar de pasar por “experiencias brutales” tardan menos tiempo en integrarlas y superarlas.

 

Al abordar traumas complejos con EMDR, bajo el prisma de González (2010), nos encontramos con los trastornos disociativos, íntimamente ligados también al trauma temprano y al concepto de apego.

 

Varios profesionales, entre ellos González (2010), que centran su estudio y trabajo clínico en los trastornos complejos, admiten que antes de versar sus evaluaciones y tratamientos sobre el paradigma de EMDR no hacían apenas diagnósticos de trastornos disociativos y que al empezar con EMDR son los propios pacientes los que comienzan a hablar de una sintomatología característica de estos trastornos, muchas veces por miedo a hablar de ellos y otras veces por amnesia permanecía oculta esta información. Debido a esta confusión y deficiencia en el diagnóstico de dichos trastornos, como bien apunta González (2010), es necesario hacer una diferenciación de los síntomas disociativos, para poder establecer un buen análisis diferencial.

 

 Nuria Montero Psicóloga Laboral – de la Salud y Psicoterapeuta EMDR.

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